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Mostrando las entradas etiquetadas como La vida misma

Escribir es fácil, si sabes cómo

No sé vosotros, pero yo soy de la opinión de que un escritor tiene que saber escribir. Y ojo, aunque parezca una soberana gilipollez lo que digo, no lo es. En absoluto.      ¿A qué me refiero cuando digo que tiene que saber escribir? Bien, desde mi punto de vista va más allá de implementar correctamente palabras, frases, aplicar gramática, puntuar como es debido, tildar lo que toque y demás. ESE debería ser el punto de partida, lo mínimo exigible. «Si uno quiere ser escritor, debe escribir como un escritor».      Digo esto porque parece que últimamente prima, por encima de escribir bien, que se sea un contador de historias a un escritor y, por supuesto que hay que hilvanar una buena historia, pero sin descuidar todo lo demás. Si no se llega a ese mínimo, que puede ser perfectamente, «el escritor en ciernes» debe poner especial empeño en corregir lo que está mal y, sobre todo, dejarse aconsejar por alguien que, en ese momento, sepa más. Pienso que hace falta una buena cura de humild

Palabras

     Me miras de soslayo al tiempo que calculas tus posibilidades. Tanto me deseas que no percibes que te observo altivo desde mi pedestal sin importarme ni tú ni tus ganas.      Me mantengo rígido, incómodo ante tu insistencia en pasearte por delante de mí como si yo no importara, solo soy un objeto para ti.      ¿De verdad crees que no voy a notar ese dedo que deslizas por mi espalda?      Oh, sí, eres sutil, pero no intangible.      Me olfateas cual cachorro curioso, se te hace la boca agua, lo sé, lo percibo incluso antes de ver cómo te muerdes el labio. Apostaría a que estás a punto de babear.    Si pudieras me devorarías aquí mismo. He visto esa mirada tantas veces que podría reconocerla en la oscuridad.      Cada vez estás más cerca, no tengo vía de escape, me respiras, deslizas tus manos sobre mí sin que pueda hacer nada por evitarlo.    Me destapas con avidez, con el ansia descontrolada de quien lleva años esperando, casi podría decirse que toda una vida. Me abra

Inútil

Se propuso no volver a estar triste ni deprimido. A valorarse, a creer en sí mismo. Tenía la firme intención de aprovechar cada momento, por pequeño que fuera, y evitar lamentarse de su desdichada suerte y todo lo malo que le sucedía. Ese era su objetivo y hasta en eso fracasó.      No se levantó de buen humor, como de costumbre, y aunque eso no fuera nada reseñable, fue lo suficiente como para recapacitar en lo que se había convertido su vida. Un par de cajas de pizza vacías le esperaban encima de la mesa que, ignoradas con gran maestría, reposaban hasta que alguien se dignara a recogerlas. Ese alguien iba a ser él, pero ahora no podía pensar en otra cosa que no fuera en su café matinal. Mientras esperaba a que se calentara la cafetera se decía mentalmente «no tienes ni puta idea de nada, inútil de mierda». Siempre se trataba con el mayor de los respetos y de la manera más motivacional posible. Él era así, pura positividad.      Cuando la cafetera por fin decidió regalarle el ansi
      —Probaré mi cámara nueva —me dije, y qué mejor manera que con un foto a oscuras hecha en blanco y negro.      Conseguí preciosos contrastes, pero lo mejor de esa foto fue ese destello verde del pendrive inexistente conectado a mi portátil.   @XabiGarza   Foto de Daniel Putzer en pexels  

Embelesado

     Quedé embelesado al mirarla sentada frente a mí, tanto que se me derritió el hielo imaginario de mi whisky on the rocks.      Todo mereció la pena, la gabardina, el sombrero, alquilar el bar entero con billetes del Monopoly.      Todo por verla por última y primera vez. Todo por ese suspiro justo antes de volver al manicomio.     @XabiGarza   Foto Cottonbro en Pexels